Un profesor con varios años de experiencia comparte las motivaciones que han impulsado su trabajo con los estudiantes durante más de dos décadas.

La enseñanza es difícil y, a menudo, agotadora. Pasé 22 años en el aula y planeo seguir enseñando hasta que me jubile. ¿Qué me motiva a regresar por más, incluso después de aquellos días de enseñanza más difíciles? Varios factores me hacen volver año tras año.

Buscando maestría 

Definitivamente soy un mejor profesor ahora que cuando tenía 22 años. Desearía poder disculparme con mi primer grupo de alumnos de segundo básico, a los que enseñé cuando mis planificaciones eran casi inexistentes y la gestión de mi aula consistía en apagar las luces y gritar a toda la clase. He mejorado mucho. Utilizo planificaciones diferenciadas para cubrir múltiples estándares y puedo recuperar la atención de los estudiantes distraídos.

Esto no significa que lo tengo todo resuelto. Todavía hay estudiantes todos los años a los que nunca llego. A menudo, siento que había algo más que podría haber hecho por ellos o un truco más que podría haber intentado. Algunos alumnos me dejan con más preguntas que respuestas. Esto es obviamente frustrante, pero también motivador. Si aceptamos la idea de que nunca dominaremos la enseñanza, podemos usar estos desafíos como motivadores para seguir adelante. Cuando mis alumnos tuvieron dificultades con las evaluaciones, no me rendí. Modifiqué las guías de estudio y creé almuerzos especiales “de ciencias” para los días previos a las evaluaciones. Tenemos mucho más trabajo que hacer, pero ya no siento que no pueda mejorar los aprendizajes de un curso.

 

Colegas valiosos

Como parte de un equipo de enseñanza muy unido, celebro las victorias y ayudo a superar los desafíos con mis colegas. Ayudamos las planificaciones y nos defendemos durante las difíciles reuniones con los apoderados. Es fundamental encontrar profesores en tu colegio que mejoren tu trabajo. Los pares en los que te apoyas pueden no ser siempre los que están al lado tuyo. Busca a los colegas de los que todavía hablan los niños después de haber pasado a otro curso. Comunícate con los profesores que comparten intereses comunes contigo o que te hacen reír. Incluso si se requiere caminar por el colegio para una conversación de cinco minutos con un par, es una mejor carrera si no lo haces solo.

 

Trabajo que importa

En días difíciles de enseñanza, a veces sueño con un trabajo de oficina en el que me siento en un cubículo, tomo mi café y trabajo solo. Entonces recuerdo, incluso los peores días de enseñanza son impactantes e importantes.

Trato de concentrarme en las pequeñas interacciones que hacen las diferencias para los estudiantes: una conversación de dos minutos sobre la nueva mascota de un estudiante, un correo electrónico positivo a un apoderado sobre el progreso de su hijo, cinco minutos para conversar con un antiguo estudiante en el pasillo. Estos momentos a veces permanecen en la mente de los estudiantes mucho después de que se van del colegio. Los estudiantes nos recuerdan no por nuestras lecciones, sino por las conexiones personales que hacemos con ellos. Esto es desalentador: nuestras palabras y acciones ayudan a los estudiantes o los hacen fracasar. Es un privilegio y una responsabilidad que debemos tomar en serio todos los días.

Trabajar con niños todos los días rara vez es aburrido. Los niños son naturalmente divertidos. Su curiosidad y energía contagian y hacen que vuelva por más. No importa cuánto cambie la educación, los niños siempre necesitarán buenos profesores y nosotros siempre los necesitaremos de vuelta.

 

Profesor Peter Barnes

Fuente: https://edut.to/2MDh3tw