Los docentes podemos ayudar a que nuestros alumnos aprendan a manejar de la mejor manera sus emociones.

Es importante poder identificar, comprender y manejar los sentimientos. En este sentido, las instituciones educativas pueden ayudar a que sus estudiantes comprendan lo que sienten y que además, sepan qué hacer con esos sentimientos.

Durante mucho tiempo, la definición de inteligencia era concebida exclusivamente al ámbito académico.

Hasta que en los años 90 se acuñó el término Inteligencia Emocional, como “la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí mismo y para los demás”.

¿Cómo trabajar la Inteligencia Emocional en el aula?

1- Reconocer y nombrar las emociones: realizando ejercicios prácticos que ayuden a desarrollar la empatía entre compañeros de clase. Fomentando el diálogo y entregándoles las herramientas necesarias, para que los alumnos puedan controlar el enojo y la ira.

2- Se debe realizar mayor énfasis en los aspectos positivos de nuestros estudiantes, por encima de los negativos. Resaltando los aciertos en vez de las equivocaciones, ya sea con respecto a su comportamiento o en las actividades dentro del aula.

3- Enseñar que cada vez que se tiene un problema, se debe reflexionar y luego responder. Buscando actuar de la mejor manera posible, sin lastimar a otras personas y comprendiendo que es válido expresar el enojo, siempre y cuando se realice de manera adecuada.

4- Demostrarle al alumno de que el es una persona importante y sus sentimientos son válidos. Dedicar unos minutos a escuchar atentamente sobre lo que siente el niño o niña. Esto causará un gran impacto en su confianza.

Escuchar con atención y compresión hará sentir mucho más tranquilo al alumno.

¿Cómo fortalecer el desarrollo emocional de los estudiantes?

1- Como profesores, debemos tratar a nuestros alumnos como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Siendo conscientes sobre nuestras emociones y actitudes. Con el ejemplo podemos enseñar estas conductas a los estudiantes.

2- Felicita a cada alumno que haya enfrentado una emoción negativa de la manera adecuada. De esta manera, ayudarás al desarrollo de su optimismo, autoestima y percepción de si mismo.

3- Enseñar que no siempre podemos tener lo que queremos y eso no es motivo para actuar mal. El autocontrol y autodominio son importantes y se debe poder regular la manifestación de nuestras emociones.

Al mismo tiempo, es importante que los profesores comiencen a desarrollar su propia Inteligencia Emocional, ya que indirectamente afecta a sus alumnos dentro de la sala de clases.

El desarrollo de esta habilidad nos permite mejor adaptación a las situaciones que se nos presenten, ya sea en el ámbito laboral o en la vida privada. De esta manera, estimulamos el autoconocimiento y autoconciencia, entendiendo nuestros sentimientos y como podemos manifestarlos.

Comprendiendo nuestras emociones positivas y aprendiendo a regular aquellas negativas, haciendo de la sala de clases un lugar excelente para el aprendizaje.

No olvides que la mejor manera de enseñar y educar es: ¡a través del ejemplo!.

Referencias: Web Del Maestro