¿Quién no ha leído alguna vez que usamos solo el 10% de nuestro cerebro o que los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo tienen funciones radicalmente opuestas?

Los neuromitos son afirmaciones sobre el funcionamiento del cerebro, que surgen desde malas interpretaciones de resultados de investigaciones científicas de la neurociencia. Debido a sus características, en muchas ocasiones se integran fácilmente en el pensamiento de los docentes.

El Brain and Learning Project de la OCDE ha hecho un llamado de atención por la proliferación de los así llamados “neuromitos”, definidos como “ideas falsas generadas por errores en la comprensión o interpretación o citas tergiversadas de hechos establecidos científicamente por las neurociencias”, hoy desmitificaremos dos grandes “falsas-verdades” de la educación, que estamos seguros has oído en más de una ocasión.

USAMOS EL 10% DE NUESTRO CEREBRO:

No se tiene exacta claridad de dónde surgió este neuromito, sin embargo, una de las teorías que más se repitan es la que señala que el psicólogo William James de la Universidad de Harvard realizó una publicación en el año 1907 titulada “The energies of men”, en donde decía: “Usamos solo una pequeña parte de nuestros posibles recursos mentales y físicos”.

Esta cita sería posteriormente utilizada por otros autores, como Lowell Thomas, quién en 1936 la utilizó en el prefacio del best-seller “Cómo ganar amigos e influir en las personas”, haciendo alusión a que utilizamos el 10% de nuestro cerebro.

El neurocientífico Barry Beyerstein desmiente el mito señalando distintos argumentos:

1-El cerebro representa el 2% de nuestro peso y consume el 20% de la energía. Si usáramos sólo un 10% no tendría sentido que la evolución hubiera favorecido el desarrollo de un órgano tan ineficiente.

2-Los estudios de neuroimagen funcional muestran activación de todas las áreas del cerebro, incluso durante el sueño.
Además, está la evidencia del análisis a pacientes con lesiones cerebrales: si utilizáramos tan pequeña fracción de nuestro cerebro, podríamos perderlo en gran parte sin sufrir mayores consecuencias. Pero no existe casi ninguna área que al ser dañada no cause algún trastorno clínico.

3-Si no usáramos el 90% de nuestra mente, nuestro rendimiento no debería verse afectado cuando se lesionan ciertas áreas del cerebro. En cambio, la realidad demuestra que ninguna puede ser dañada sin que se pierda alguna habilidad

DICOTOMÍA CEREBRO DERECHO-IZQUIERDO:

En los años ’60, Roger Sperry, Joseph Bogen y Michael Gazzaniga comenzaron a desarrollar un estudio ahora conocido como “Cerebros Divididos”. Trabajaron sobre pacientes en su mayoría epilépticos y que habían sido sometidos a un procedimiento quirúrgico que les había cortado ciertas fibras nerviosas que conectaban ambos hemisferios del cerebro.

Los investigadores declararon haber notaron algunas diferencias hemisféricas en aquellos pacientes, sin embargo, 40 años después esta investigación sufrió una transformación inimaginable, convirtiéndose en parte de la cultura popular, siendo publicada en un sinfín de libros y revistas que apuntan a los diferentes tipos de aprendizaje y talentos que presenta cada persona de acuerdo a que lado del cerebro utiliza más.

El investigador Michael Gazzaniga lo ha desmitificado señalando que:

Esta definición de como funciona el cerebro humano es una manera muy simple de explicar los mecanismos y las habilidades cognitivas, además que “los mecanismos neuronales reales son mucho más complejos, la cognición es mucha más complicada que esa dicotomía”.

Gazzaniga indicó que su trabajo sobre cerebros divididos se convirtió en “una mezcolanza”. El trabajo psicológico y educativo sólido demuestra que los niños utilizan una gran variedad de estrategias cognitivas para resolver problemas, agregando que “hay algunos niños que visualizan problemas y otros que los verbalizan. Y algunos educadores usan esos términos, visuales y verbales”.

En el aula, entonces, no se debería “rotular” a los estudiantes como de hemisferio izquierdo o derecho, tampoco como chicos visuales, auditivos y/o kinestésicos. Las capacidades de los seres humanos de aprender van más allá de estas variables.

Si consideramos que incorporamos conceptos a partir de la información que nos llega a través de todos los sentidos, estaríamos no solo ampliando el panorama y las actividades áulicas sino también eliminando etiquetas que hacen que los estudiantes crean que son realmente así y que están determinados a aprender de tal o cual forma.

Esto hace que su autoestima se vea perjudicada y no intenten experimentar aprender de diferentes maneras para que cada uno encuentre la que le resulta más adecuada.

Una vez desmitificado el mito y justificado el porqué esta visión no es la mejor manera de ofrecer conocimientos en el aula, sugerimos continuar leyendo sobre aprendizaje sensorial o multisensorial para enriquecer las prácticas educativas.

Fuentes: La Tercera Cultura Científica Asociación Educar