Un liderazgo inadecuado puede tener muchas repercusiones: objetivos no alcanzados, una constante rotación de personal y mal ambiente de trabajo son algunos ejemplos. La cuestión es que muchas veces los directivos y el equipo no saben qué tan mal están y, por lo tanto, cómo remediarlo.

“Cuando un líder logra que todos hagan lo que les corresponde porque están convencidos de lo que hacen, para qué lo hacen, y con buena actitud, la compañía crece”, asegura Lionel Appel, gerente de Talent Engineering de A3O Group, una empresa mexicana especialista en recursos humanos y servicios de administración de personal.

Para lograr lo anterior cada líder de área debe centrarse en generar un “círculo virtuoso” basado en tres factores: confianza, compromiso y comunicación. Pero un fallo en este último elemento repercute en la marcha de los otros dos.

Esos tres factores van de la mano, “pues el líder comunica los objetivos de la empresa a los trabajadores, lo que genera confianza y compromiso en el equipo, ya que se sienten involucrados en el proceso”, señala el experto.

Comunicación entre el líder y el equipo

La realidad en muchas organizaciones es que la comunicación resulta deficiente, el estilo de liderazgo es coercitivo con sus equipos y hay una falta de acompañamiento de los jefes hacia los empleados.

El especialista de A30 Group asesoró a una empresa farmacéutica. Luego de una evaluación, identificó que el bajo desempeño de algunos colaboradores tenía que ver con la deficiente sensibilización de mandos medios y directivos a la hora de escuchar a los empleados.

Además, desde la primera sesión trabajaron en mejorar la comunicación entre jefes y trabajadores. “Cuando transmites de manera clara las tareas, la confianza de los empleados crece y, por ende, ejecutan mejor sus tareas”.

No es algo menor que el personal entienda por qué sus superiores les han solicitado una determinada labor. Al dar una orden es mejor informar por qué la empresa necesita que se lleve a cabo. Si te lo explican, “ya no lo ves como un capricho del jefe, una respuesta que solemos escuchar cuando entrevistamos a los colaboradores”.

El líder no sabe que no es líder

Lionel Appel comparte otra experiencia que podría espejear la de muchas otras: un director de una compañía que no sabía si las fallas eran por un problema de liderazgo, de comunicación o por ambos motivos. Lo único que cierto es que “batallaba mucho para que su equipo trabajara de manera coordinada”.

Appel y sus colaboradores entrevistaron a varios miembros del equipo, así como al director para conocer sus opiniones y percepciones de lo que ocurría. También participaron en las juntas de trabajo para observar cómo se desarrollaban esos encuentros y saber si llegaban a acuerdos. Se dieron cuenta de un grave problema de falta de comunicación.

En la primera sesión que tuvieron para abordar la problemática de la empresa, “el mismo equipo detectó que tenía graves problemas de comunicación. Ellos lo sabían desde antes, pero no se habían dado cuenta de qué tanto”.

Después de escuchar el diagnóstico, el director señaló admirado: “creí que me comunicaba bien con ustedes, que les transmitía la información que debían conocer. Pero me estoy dando cuenta que el problema ha sido más mío”.

Ese caso fue particularmente difícil, ya que cuando preguntaron a los empleados sobre el objetivo de cada área, resultó que “todos tenían una idea completamente diferente a lo que el director esperaba escuchar”. Las metas para las cuales estaban trabajando “no iban de acuerdo con la visión que tenía la empresa”.

Desmotivados

La falta de comunicación, tarde o temprano, deriva en desmotivación, ya que “suponiendo que hubieran estado haciendo bien su trabajo, y contentos” el objetivo al que le estaban ponían empeño no era el de la empresa. Al final, su labor no iba cumplir con los requerimientos y eso provocaría frustración en los trabajadores.

Fuente: El Economista