La enseñanza es un proceso emocional tanto para los profesores como para los estudiantes. No se trata solo de impartir conocimiento y ayudar a los estudiantes a mejorar y aprender, sino también de potenciar las emociones positivas que conducen al aprendizaje.

Como docentes, también enfrentamos situaciones que pueden hacernos sentir enojados, frustrados, disgustados, tristes o incluso emocionados.

Para crear una atmósfera de aprendizaje de apoyo, necesitamos poder regular nuestras emociones mediante el uso de estrategias efectivas. ¿Qué es entonces la autorregulación emocional? ¿Y qué estrategias de autorregulación emocional necesitamos para prosperar en la enseñanza?

Autorregulación emocional:

Las emociones forman parte de nuestra vida diaria. Abarcan sentimientos, estados mentales y comportamientos frente a personas, circunstancias o eventos.

La enseñanza impone diferentes exigencias a nuestras emociones. Se espera que estemos tranquilos y controlados, incluso en situaciones estresantes. Esto es mediante la regulación de nuestras emociones o ajustándolas a un nivel óptimo en cada situación.

Por ejemplo, cuando nuestro entusiasmo por usar una nueva actividad en clase es intenso, puede terminar sobrecargando a nuestros estudiantes con mucho contenido y confundiéndolos.

Estrategias para la autorregulación emocional

Aquí te presentamos estrategias de autorregulación emocional que pueden ayudarte a regular tus emociones, para así evitar desperdiciar mucha energía y que podamos mantener una atmósfera de aprendizaje saludable:

1. Establecer un “código de conducta” profesional:

Regular las emociones implica monitorear los sentimientos y poder establecer una relación profesional con los estudiantes. Para lograr este objetivo, los docentes pueden establecer un código de conducta para ellos mismos que subraye lo que se debe y no se debe hacer de la siguiente manera:

– Intentar controlar lo que se está sintiendo: Cuando se despiertan sentimientos intensos positivos o negativos (feliz, enojado, ansioso, etc.) es importante no intentar reprimirlos. La investigación ha demostrado que la supresión consume recursos cognitivos, lo que hace que el docente no pueda llevar a cabo la clase de la mejor manera, ya que no es probable que la emoción desagradable desaparezca (Gross, 2002; Kimura, 2010).

Pero esto no significa dejar que tus emociones te dominen. Trata de mostrarlos de manera adecuada y coherente con la situación. No grites, llores o digas palabras que no se deben decir a tus alumnos y que arruinarían tu identidad profesional . En su lugar, evalúa esa situación para averiguar el “por qué”.

Por ejemplo, si los estudiantes están teniendo comportamientos que nos corresponden , muéstrales que esto es inaceptable hablándoles con un tono de voz enojado sin perder el respeto o ser violento (muestre sentimientos de enojo, no acciones de enojo).

Luego, intenta comprender por qué se comportan de esa manera. Habla con ellos en voz baja y escúchalos principalmente (en clase, haciendo contacto visual directo con ellos o individualmente después de la clase).
Es posible que no estén interesados en la actividad que se esté realizando o que no hayan entendido sus instrucciones, etc. Por lo tanto, concéntrate en el problema real, cómo enfrentarlo con más éxito y dirija las acciones para evitarlo en el futuro.

2. Equípate con herramientas que te hagan sentir seguro:

Es necesario tener las herramientas que te ayuden a lidiar con diferentes situaciones. Esto te ayuda a sentirte seguro y capaz de regular tus emociones de forma eficaz.

– Conoce más sobre tus estudiantes: Invierte tiempo y energía para conocer las necesidades emocionales, físicas y cognitivas de sus estudiantes.
– Hacer frente de forma proactiva: Estar bien preparado es esencial para sentirse seguro y cómodo, pero también debes estar consciente de que ocurrirán situaciones inesperadas y tener nociones de cómo reaccionar frente a estos hechos. A pesar , no puede anticipar todas las posibilidades, pero puede prepararse para más alternativas.

Mientras prepara sus lecciones , piense en ‘lo que podría suceder’. Por lo tanto, intente prever los desafíos de la relación y luego decida ‘qué se debe hacer en este caso’ mediante la elaboración de su plan y la creación de recursos para los próximos riesgos y demandas.

Por lo tanto, no espere hasta que ocurran los problemas (afrontarlos de forma reactiva), pero piense en sus alumnos, cómo podrían comportarse y prepárese para afrontar esas situaciones.
– Aprenda a lidiar con situaciones embarazosas: Si sus estudiantes hacen preguntas para las que no tiene respuesta o no está seguro de ellas; si comete un error y los estudiantes lo notan … entonces, ¿qué haría en tales situaciones? Lea libros, artículos y publicaciones de blogs sobre estrategias de gestión del aula, pregunte a expertos y establezca contactos con otros profesores para aprender más sobre ellos.

3. Levanta tu espíritu en momentos difíciles

Cuando estamos experimentando un problema o una pérdida personal profunda en el hogar, es muy probable que nuestro estado emocional se exaspere aún más por la mala conducta de cualquier estudiante.
Podemos perder los estribos, gritar, gritar, maldecir, compartir nuestros problemas con nuestros estudiantes, llorar, etc., y así permitir que otros sean testigos de nuestro despliegue emocional solo para buscar alivio de lo que estamos enfrentando. En estos momentos, no es fácil regular nuestras emociones.

Pero, el aula no es el contexto para derramar nuestras emociones, ya que esto no nos llevará a ninguna parte aparte de perder el respeto y la participación de nuestros estudiantes en el aprendizaje . Entonces, para minimizar el impacto de estos momentos difíciles en los estudiantes:

– De camino al trabajo, escuche su música, canción favorita o lea un libro, una revista o cualquier escritura que le interese. También puede leer su horario de la semana y planificar actividades adicionales.

– Antes de comenzar tu primera clase, intenta venir un poco antes, habla con tus compañeros (los que están alegres y con los que te gusta charlar) sobre viajes, compras, moda, trabajo, etc. (pero no sobre tus problemas). O hable con sus alumnos sobre lo que han estado haciendo en su tiempo libre, lo que planean hacer, etc.

– Siempre que se sienta abrumado por sentimientos negativos, trate de recordar momentos felices (también divertidos) o eventos que puedan ayudarlo a sentirse bien.

– Pida la ayuda de un colega para sacar fotocopias adicionales, reunir materiales de la lección, etc. Puede devolver el favor cuando se sienta mejor.

Fuente: Edulearn2change