Muchos docentes luchan contra el síndrome del impostor o sentimientos de inseguridad o incompetencia, a menudo a pesar de que su trabajo evidencie lo contrario.

Esto puede provocar que los docentes, se comparen con sus pares, ya sea dentro del aula o de lo que sea reflejado en las redes sociales, además de desarrollar una extrema preocupación por lo que puedan llegar a pensar sus estudiantes. ¿Te sientes identificado?. Cuando te sientes así, es muy difícil confiar en tus instintos y disfrutar de la enseñanza. Afortunadamente, hay formas en que podemos lidiar con el síndrome del impostor como docentes.

Ten en consideración que: ¡no eres el único!

Cuando experimentas el síndrome del impostor, puedes creer erróneamente que eres el único profesor o profesora que alguna vez se ha sentido como tú. El hecho de que parezca que alguien “lo tiene todo junto” por fuera no significa que no lleve mucho por dentro. Ningún docente es inmune a los malos días en el aula, ya sea por factores relacionados a los estudiantes, la institución o por problemas personales.

Las afirmaciones y el diálogo interno positivo pueden ayudar a silenciar a su crítico interior.

Todos tenemos esa voz en la cabeza que nos ha dicho de vez en cuando que no somos lo suficientemente buenos o que no sabemos lo que estamos haciendo. Puede ser difícil silenciarla.
Cuando te encuentres experimentando el síndrome del impostor, intenta abordar tus pensamientos con curiosidad en lugar de juicio.
Hazte preguntas como: “¿Qué sucedió que provocó este sentimiento?”, “¿Estoy demasiado cansado/a?”, “¿Necesito tomarme un descanso?.

Por tonto que parezca, a veces unas pocas respiraciones profundas, un paseo o beber un poco de agua hacen maravillas para silenciar a nuestro crítico interior.
¿Otra idea?, busca una afirmación que te guste, escríbela y ponla en una nota adhesiva en su escritorio.
En períodos complejos, leer afirmaciones positivas en nuestro día a día, puede hacer maravillas. Algunas de las favoritas de los docentes son: “Me estoy convirtiendo en un mejor maestro todos los días”, “No hay una forma correcta de enseñar” y “Trabajé duro para llegar aquí”.

No le agradarás a todo el mundo, pero eso está bien.

Este consejo proviene de Angela Watson, quien ha escrito varios libros para docentes. Ella escribe sobre cómo aceptar el hecho de que “no todo es para todos”, para ayudar a superar los sentimientos negativos o de inferioridad que puedas sentir.
Es un buen consejo. Siempre habrán directores, otros docentes, padres y estudiantes a quienes no les guste nuestro estilo de enseñanza o cuestionan lo que enseñamos y cómo. Muchos de nosotros complacemos a la gente. Solo queremos agradar. Pero tendremos momentos en nuestras carreras docentes en los que ese no es el caso, y eso está bien.

Cuestionarse a sí mismo significa que está reflexionando sobre su enseñanza, y eso es algo bueno.

No existe un enfoque mágico único para la enseñanza. Claro, existen mejores prácticas e investigaciones en las que podemos basarnos, pero qué, cómo y por qué enseñamos variará según nuestros estudiantes.
Entonces, si lleva cinco años enseñando y aún cuestiona todo lo que hace, está bien. Cuando haces preguntas como: “¿Te lo expliqué claramente?” y “¿Están mis alumnos listos para seguir adelante o tengo que volver a enseñar?” estás reflexionando sobre tu enseñanza.
Lo más importante es que hagas esas preguntas con curiosidad en lugar de juzgar. Confía en los datos y los comentarios de los estudiantes en lugar de en sus pensamientos y sentimientos.

Si te preocupa si eres lo suficientemente bueno, eres lo suficientemente bueno.

El síndrome del impostor no siempre es malo. Nunca dejas de aprender cuando eres profesor. Te derribarán de vez en cuando, pero también te sorprenderás.
Si nunca nos cuestionamos o criticamos, seguiremos siendo los mismos. Encontrarás cierto alivio del síndrome del impostor cuando te esfuerces un poco, tomes riesgos y pruebes cosas nuevas, incluso si crees que no deberías hacerlo.
Cuando aparezcan los pensamientos negativos como: “¿Quién soy yo para probar esto?” o “¡No estoy listo para esto!” confía en que lo eres, y que mañana será otro día. Nunca será perfecto, pero cuanto más cómodo te sientas fuera de tu zona de confort, más seguro te sentirás acerca de la enseñanza.

Referencia: Weareteachers